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La opinión de la juventud

Escrito del ejemplar número cinco de Udalberri

06·04·2018


No es habitual la presencia de niñas y niños en el Ayuntamiento. En la práctica la gestión municipal es cuestión casi exclusiva de las personas adultas.

A lo largo de la legislatura hemos organizado sesiones participativas para abrir el Ayuntamiento a los menores. Ha sido el caso, por ejemplo, del programa Agenda21, del plan de movilidad Kale Irekiak o de las visitas organizadas desde la ikastola. Todas estas sesiones han resultado gratificantes y enriquecedoras. Desde luego, en vista de lo que dan de sí, es evidente que debemos darles continuidad.

Junto con estas actividades programadas, tiene un valor especial la aportación de los niños y niñas que, por iniciativa propia, nos han hecho llegar sus peticiones y propuestas. Destacaría aquella vez que, tras recoger un buen número de firmas, vinieron al Ayuntamiento con una petición referente a los árboles de Zumarte. Recientemente, estudiantes de Udarregi de 1º de la ESO me han enviado tres informes, elaborados en clase, sobre temas de actualidad: el uso de la zona verde que está enfrente de Udarregi, la renovación del frontón de Agerialde y la diversificación de las actividades extraescolares.

No sé si he estado a la altura que se merecen, pero desde luego valoro mucho la iniciativa de la juventud y su implicación en los temas del pueblo. Si queremos potenciar el carácter popular del Ayuntamiento, es imprescindible que la juventud sienta que ese espacio también es suyo. Conviene aprender desde la infancia qué es y cómo funciona el Ayuntamiento, entender la lógica y el rigor del uso del dinero público, y darse cuenta de que el interés público no se debe supeditar a los intereses privados. El Ayuntamiento es de todos y todas, también de las más jóvenes. Se nos presenta, por tanto, un reto educativo muy sugerente.

Las decisiones de calado, aquellas que marcan el presente y el futuro, se toman sin atender a la opinión de la juventud. Hoy y aquí, el derecho a voto viene marcado por ley a partir de los dieciocho años. Quizá no somos conscientes de que estamos ignorando la visión espontánea y natural de la juventud. Sin esa perspectiva, difícilmente vamos a vislumbrar un mundo mejor.