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¡No lo vamos a permitir!

Escrito del cuatro ejemplar de la revista Udalberri

08·03·2018


Viernes. Primera hora de la tarde. Aviso: una mujer ha sido violentamente agredida. No es allí, en un lugar lejano y salvaje. Es aquí, en nuestro pueblo, en un lugar cercano y, sí, salvaje.

Lunes. Mediodía. Tengo ante mí a la mujer agredida. Abrazo cálido. Me hablas, te escucho.

Los ojos, a veces, miran. Otras veces huyen. Me miras, pero la mirada se pierde. Va hacia dentro. Te miro, pero la herida lo acapara todo. El daño lo ocupa todo: el cuerpo, la mirada, la palabra, el aliento. Se expresa en forma de temblor. Lo has dicho todo, con las palabras justas. Las lágrimas son como cristales, frágiles, de arista viva.

Te acompañan tu hermana y tu hermano. El silencio y el desconcierto dan paso a la valentía. No somos nosotras las que vamos a avergonzarnos y ocultarnos. Nos queremos demasiado como para ceder a la impotencia. Y vamos a gritar, para que nos oiga y nos oigan. Gritaremos para que se haga justicia. La cabeza erguida.

Lunes por la tarde. Estamos juntos. Hace frío, ¿Frío? No. Hace calor, del que se toca. Están también tu madre y tu padre. ¿Qué supone pisar la calle? ¿Cómo se valora ocupar la plaza? Es vuestra. Fuerza. Empoderamiento. No es silencio lo que se oye, es más bien un grito popular.

El pueblo está en la plaza, y la plaza es el pueblo. Niños y niñas, jóvenes y mayores. El mural artístico es el telón de fondo del mosaico humano. Es algo más que un ritual. Un colectivo variado que, cuando es necesario, sabe actuar al unísono.

Que lo sepa todo el mundo: ¡No lo vamos a permitir!